

Cómo hablar con un familiar que tiene una adicción
Recuerde: la adicción es una enfermedad.
No es falta de voluntad, ni un problema moral. Es una enfermedad del cerebro que hace que la persona repita una conducta dañina, aunque en el fondo no quiera hacerlo. Entender esto ayuda a quitar culpas y a enfocarse en lo importante: buscar ayuda.
Elija el momento adecuado.
Espere a que su familiar esté sobrio. Busque un lugar tranquilo, sin interrupciones. Hable desde el corazón: cuéntele el dolor, la tristeza o la frustración que siente por su conducta adictiva.
Si puede, invite a otras personas que él valore. Antes de hablar, pónganse de acuerdo en el mensaje: mostrarle cariño, pero también el malestar que su comportamiento provoca.
Ponga límites claros.
Dígale con respeto qué no está dispuesto a seguir permitiendo. Por ejemplo:
“No puedo dejar que tu consumo me arrastre emocionalmente”.
“No voy a aceptar más maltratos cuando estás bajo los efectos de la sustancia”.
Lo más importante: cumpla lo que diga. Eso ayuda a que la persona entienda que el problema es serio.
Ofrezca una salida.
No se quede solo en el reclamo. Muéstrele que hay una alternativa: “Llámanos, podemos ayudarte a encontrar tratamiento”. Así la persona ve que no está sola.
Acompáñelo en el proceso.
Dígale que está dispuesto a apoyarlo en la recuperación, pero que ese apoyo será caminando hacia el cambio, no tolerando conductas dañinas. El acompañamiento de la familia es clave para que se motive a dar el primer paso.
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